TODOS LOS SABADOS - 10HS. CLASES EN EL PARQUE KEMPES

tai chi – chi kung y meditación al aire libre

Salvo lluvia y fines de semana largos - Costo: $50 por clase

CORDOBA, ARGENTINA

18.8.15

Haciendo inventario de uno mismo

Excelente artículo escrito por Bhikkhu Bodhi aplicable a cualquier práctica meditativa, sea budista o tai chi chuan o chi kung, yoga, etc.


“Aunque de acuerdo a los principios buddhistas el sendero lleva en forma segura y directa de la opresión a la libertad, tal parece que cuando lo seguimos toma muchas veces una ruta torcida, según le exigen las torceduras y giros de nuestra retorcida topografía mental. A menos que tengamos raíces sanas y excepcionalmente maduras, no podemos esperar alcanzar la meta "como vuela el cuervo", encumbrándose sin obstáculos a través de los rápidos y gozosos corredores aéreos de las jhanas, y las altas y penetrantes visiones. En su lugar, debemos estar preparados para seguir el sendero a nivel de la tierra, moviéndonos lentamente, firme y con cuidado a través de las torcidas carreteras de las montañas de nuestra mente. Comenzamos en el inevitable punto de partida - con la excepcional constelación de rasgos personales, hábitos y potencialidades que traemos a la práctica. Nuestras profundas y arraigadas impurezas, y obstinados espejismos, así como nuestra escondida reserva de bondad, fortaleza interna y sabiduría serán el material inmediato con el cual se forjará la práctica, el terreno a atravesar, y el vehículo que nos conducirá a nuestro destino.

La confianza en el sendero buddhista es un pre-requisito para mantenerse con firmeza en esta travesía. Pero muchas veces ocurre que aunque estemos completamente convencidos de la efectividad liberadora del Dhamma, tropezamos y nos quedamos perplejos en cuanto a cómo podemos seguir fructíferamente el Dhamma. Un paso importante para cosechar los beneficios de la práctica del Dhamma consiste en evaluar honestamente nuestra personalidad. Si podemos hacer uso efectivo de los métodos que el Buddha enseñó para sobreponernos a las impurezas de la mente, debemos primero hacer un inventario de las impurezas que particularmente prevalecen en nuestra constitución individual. No es suficiente el sentarnos y consolarnos con el pensamiento de que el sendero conduce infaliblemente al fin de la avidez, odio e ignorancia. Para que el sendero sea efectivo en nuestra práctica, debemos familiarizarnos con nuestra persistente avidez, odio e ignorancia según surgen en nuestra vida cotidiana.

Sin estas honestas confrontaciones con nosotros mismos, todas las otras búsquedas del Dhamma no serán de provecho alguno y, de hecho, pueden conducirnos a nuestra perdición. Aunque podemos obtener un amplio conocimiento de los textos buddhistas, aclarar nuestro entendimiento, agudizar nuestra capacidad de pensamiento, invertir muchas horas en el cojín y pasillo de meditación, si no atendemos las imperfecciones de nuestra personalidad, todos estos otros logros, lejos de liberarnos de las impurezas, podrían afianzarlas aún más. 

Aunque la honesta evaluación de uno mismo es uno de los pasos de vital importancia en la práctica del Dhamma, también es uno de los más difíciles. Lo que lo hace tan difícil es la radical nueva perspectiva que se debe adoptar para llevar a cabo una investigación de uno mismo, y las duras barreras que deben penetrarse para llegar a un verdadero entendimiento de uno mismo. En los esfuerzos de evaluarnos ya no estamos observando una entidad externa que podemos tratar como un objeto extraño a ser evaluado en términos de nuestros propósitos subjetivos. Observamos el propio centro de observación, ese evasivo centro desde el cual miramos con fijeza al mundo, y lo hacemos de tal forma que echamos luz crítica a todos sus motivos y proyectos. Entrar en esta actividad de averiguación es chocar directamente contra nuestro sentido de identidad y tener que rasgar las gruesas capas de ignorancia y de ciega emotividad que mantiene intacto ese sentido de identidad. 

Normalmente, obedeciendo a la necesidad de confirmar nuestra importancia irremplazable y excepcional, procedemos a construir imágenes mentales ciertamente, una verdadera galería de cuadros- de lo que imaginamos que somos. Las imágenes que surgen de estos retratos se convierten en el sostén principal del cual nos agarramos para poder mantener nuestra autoestima y la perspectiva desde la cual nos dirigimos hacia los demás, y llevar a cabo nuestros proyectos mundanos. La mente recurre a una variedad de estrategias ‘a espaldas’ de nuestra conciencia para asegurar su frágil condición. Coloca persianas para mantener fuera toda información perturbadora, nos adula con proyecciones fantasiosas y nos impulsa a manipular a las personas y situaciones, de manera que parezcan validar nuestra asunción tácita acerca de nuestras virtudes e identidad.

Todos estos proyectos, que nacen de la búsqueda para comprobar nuestro sentido de identidad, sólo aumentan nuestro sufrimiento. Mientras más nos encerramos en las imágenes que hacemos de nosotros mismos, más nos enajenamos de los demás, y cerramos nuestro acceso a la verdad liberadora. Por lo que la liberación del sufrimiento requiere que, gradualmente, descartemos nuestras imágenes engañosas mediante un riguroso examen de nuestra mente. 

El venerable Sariputta en su discurso sobre las no imperfecciones (Majjh. 5) hace énfasis en el papel de la honesta autoevaluación como pre-requisito del crecimiento espiritual. Él señala que de la misma manera que un mugriento búho de bronce, depositado y abandonado en un polvoriento lugar sólo se ensucia y se llena aún de más polvo, así mismo, si fallamos en reconocer las imperfecciones de nuestras mentes, no podremos hacer ningún esfuerzo para eliminarlas, sino que continuaremos albergando avidez, odio e ignorancia muriendo con una mente corrupta. Y, de la misma manera en que un sucio búho de bronce que se limpia y pule, con el tiempo se tornará brillante y radiante, así mismo, si reconocemos las manchas de nuestra mente obtendremos la energía para purificarlas, y habiéndonos purgado de toda impureza, moriremos con una mente pura. La tarea de conocer es siempre una muy difícil, pero sólo conociendo nuestras mentes es que podremos formarlas, y sólo formándolas podremos liberarlas."



Autor: Bhikkhu Bodhi. Traducido por Ronald Martínez-Lahoz. Boletín de la Buddhist Publicacion Society No. 67(Verano-Otoño 1987). Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. ©CMBT 1999. Última revisión lunes, 13 de marzo de 2000. Fondo Dhamma Dana.