23.4.14

Te digo lo que me dijeron…


En la vida nos dicen muchas cosas y nos dan muchos consejos. Las palabras son elementos fuertes que forman el carácter y determinan nuestra estructura mental. Lo que nos dijeron nuestros padres, nuestros maestros de escuela, lo que nos dicen nuestros amigos y enemigos, todo eso inevitablemente influye en nosotros. Incluso si uno no presta atención a lo que le dice, esa misma acción es relevante.

Hay algunas cosas que me dijeron que me cambiaron la forma de verme a misma. De repente me doy cuenta lo importante que sería que yo dijera esas mismas cosas a otras personas, no porque quiera poder o importancia, sino porque son tan relevantes que transforman el mundo individual de cada persona y de esa manera, la realidad mundial.

Así que, te digo…

Así tal cual estás, es suficiente.
Nada tienes que ser distinto a lo que ya eres, ningún cambio. No tienes nada de mas ni nada de menos.
Relájate en lo que eres y disfruta!
Así, tal cual estás, estás bien y es suficiente.

Gracias por todo lo que haces.
Cada cosa que haces, hace al mundo. Cada acción que llevas a cabo, desde sonreír, bostezar, hacer la comida, trabajar, tener miedo, enojarte, saltar de felicidad, llorar, soñar… es suficiente y no tienes que hacer mas que eso.
Te agradezco por lo que haces, lo respeto y lo comparto.

Bienvenida/o.
Al lugar que te diriges, eres bienvenida/o. Del lugar que vienes, si quieres regresar, eres bienvenida/o. En el lugar en el que en este momento estás, eres bienvenida/o.  Todo está abierto para recibirte.
De la misma manera, dale la bienvenida a todo. Cuando todo en tu vida es bienvenido, es mas liviano, mas fácil.
Hola, te doy la bienvenida.


Recordar estas palabras me simplifica la vida cuando mi mente me la complica. Estas palabras me liberan, me ayudan a no pensar, a solo sentir y a darme cuenta que todo es mas simple, que no debo correr detrás de nada ni tener miedo.

Querido lector, 
Así como estás, estás bien. Gracias por lo que haces, es suficiente. Te doy la bienvenida.

Gracias y te sonrío. Espero que si esto te ayuda y te alivia, se lo puedas decir a otras personas.


16.4.14

El confuso arte de trazar el propio camino (con la ayuda de una vaca)

He leído muchos libros, algunos de verdaderos maestros, otros de simples personas. No coincido totalmente con ninguno.

He tomado muchas clases, practicado con muchas personas. Mi práctica no es totalmente igual a la de ellos.

Me he sentado a meditar numerosas veces, al lado de maestros y personas. Mi quietud no es exactamente la de ellos. Mi tai chi no es el de otros, mi caminar no es el de otros.

¿Qué es lo que estoy haciendo? me pregunto habitualmente. ¿Por qué no coincido con todos?
Mi mente está abierta, receptiva y así y todo, no aprendo exactamente lo que otros aprenden, lo que los maestros enseñan.

Es que vivo mi vida. No vivo la vida de ellos. Eso produce una grata mezcla de propiedad y ajenidad en la práctica. Esto es propiamente mío pero también lo he tomado de afuera.

Mi camino no es igual a otros. Como el camino de cada otro no es igual al nuestro. Nadie debería hacer lo que hacen todos. Pero es más fácil, mucho as fácil, caminar sobre senderos ya trazados.

Lo lamento! yo voy haciendo mi propio sendero, arranco mis propios yuyos, apisono mi propia tierra, me hundo en mis propios pozos y me embarro los pies en mis propios charcos. Suena un poco masoquista pero así lo prefiero.

¿Por qué no transitar los senderos ya marcados por los maestros? Dos motivos: no son los propios y los verdaderos maestros no lo querrían.

Trazar el propio camino es un arte. El arte de conocerse a sí mismo (y a partir de allí “conocer a los demás”, dice el Tao Te King). En el conocerse a sí mismo están los yuyos, los pozos y el barro  y eso es doloroso. La propia torpeza es fea. Pero también el propio sendero está lleno de flores bellas que amanecen con el sol, noches de estrellas que iluminan planetas lejanos y silencios internos compartidos con la humanidad.


Cuando encontré el primer pozo en mi camino, me quise cambiar al de otro. Pero salió el sol y encontré la primera flor, entonces allí me quise quedar. Avanza, avanza! me dijo una vaca que venía por detrás. Desde entonces, la vaca me empuja cuando me aferro y sigo avanzando, entre pozos y flores, arrancando mis yuyos.

Foto: Pispeo a la vaca, que viene atrás mío.