28.10.14

La red



Hay una red hecha de energía que no podemos ver. Esa red nos conecta… a todos con todos.

Interdependencia le dice el budismo. Lo que hace uno afecta a todos, por la red justamente. Si tensamos una conexión, otra se distiende.

Hay personas que pueden ver la red. O por lo menos saben de su existencia y la comprenden. No es tangible, por eso a veces creemos que no es real. Pero lo es.

Estamos conectados. Tú que lees y yo que escribo, hay una línea de energía que nos une, sino como hubieras llegado a esta página web? Y también, como hubiera yo decidido escribir esto?

Por la red pasa información. Lo que la gente anda buscando o necesitando y lo que otros pueden dar u ofrecer. Es una red de intercambio de energía. Para que suceda un intercambio primero debe haber información: acá hace falta, allá hay (0 y 1 en código binario). Y entonces se mueve la energía en función de las polaridades: todo va hacia donde hace falta que haya.

La energía se convierte en materia. Una persona me preguntó “¿qué hago con todo el pensamiento?” o lo haces realidad (materia) o lo desechas (dejas que la energía siga fluyendo). Quedarte con el pensamiento es estancar la energía a propósito.

Hay que materializar porque vivimos en el 3D – plano material – Tierra. Si viviéramos en las Pleyades podríamos quedarnos con la energía solamente, pero aquí, para que tenga sentido, hay que materializar.

Eso significa accionar, hacer algo concreto. Esta información alguien la estaba buscando, yo la tengo y la doy. Quien recibe, qué hace con esto? Lo que quiera, pero algo. Sirve para generar movimiento, transformación.

Quienes ven la red la tienen un poco mas fácil… Mmmm, no lo creo. A veces fluir sin saber es más fácil que intentar fluir sabiendo mucho. El conocimiento traba, hace a la mente cuestionadora, controladora, soberbia.

El exceso de información satura. Cuando estamos saturados queremos abandonar. Pero no se puede abandonar la red. Está conformada por todas las personas físicas que están y han estado. El tiempo lineal es una idea de la mente. Todos estamos en el mismo momento. Así la red nos permite conectarnos con personas que vivieron “en otro tiempo”.

Lo que podemos hacer es no esforzarnos por sostener conexiones de la red. Eso significa soltar a las personas, sean amigos, familiares, parejas, alumnos. Toda relación establece una conexión. Las conexiones son, a la vez, temporales y atemporales. Temporales porque se disuelven cuando las personas ya han hecho lo que debían hacer juntas, ya intercambiaron la energía e información que correspondía en ese momento. Atemporales porque siempre habrá una conexión latente a la cual se puede recurrir.

Sostener la conexión temporal cuando ya no es necesario requiere mucho esfuerzo. Hace que la red se ponga tensa, por ende otras partes de la red se descalibran. Los humanos hacemos mucho esfuerzo por sostener las conexiones. Tenemos un gran apego a las personas. La distancia y la separación nos duelen porque creemos que “perdemos” a las personas.

La idea de la red nos permite ver que nunca perdemos a nadie. Las conexiones son atemporales, multidimensionales, siempre “tenemos” a todos cerca.

No podemos irnos de la red en cuerpo físico, es imposible. Pero si podemos sacarle nuestra energía, nuestra presencia. Seremos como árboles secos con raíces que se van vaciando. Nadie quiere conectarse con lo seco y lo vacío.

Por el contrario, cuando nutrimos a la red con nuestra presencia somos una inyección de energía, de savia que fluye por las raíces hacia toda la red. Al estar, la red nos alimenta, nos incluye, nos nutre.

Para recibir energía de un sistema hay que pertenecer al sistema. Si no queremos pertenecer, nos vamos quedando vacíos. Entonces con la red no hay opción, o estamos o estamos. Es a lo que vinimos.


10.10.14

Dar la vuelta y verse

Nunca vemos el lado oscuro de la Luna. La sincronización de los movimientos del universo ha hecho que desde la Tierra, solo podamos ver un solo lado de la Luna.



Eso mismo pasa con nosotros. No vemos nuestro lado oscuro.

Pretendemos alcanzar la luz solo a través de la luz. Debiéramos comprender que hay que iluminarlo todo, incluso aquello que no vemos. Hay que prender unas velas en el lado oscuro.

Toda práctica madura de cualquier disciplina nos lleva a darnos vuelta y a ver el propio lado oscuro. Dudo de aquel que nunca se ha encontrado con algo “espantoso” de sí mismo. Espantoso en el sentido de la sorpresa que surge al encontrarse con aquello que creemos que no somos.

“Yo no soy así”. Frase pronunciada en el mismo momento de acometer el acto que te hace así.
Es como decir “yo no grito”, gritando.

No necesariamente son rasgos negativos, violentos o depresivos de la personalidad. En el lado oscuro está todo aquello que hemos reprimido para no sufrir: los traumas, los dolores, las pérdidas.

Profundizar en la práctica es irse a dar un paseo por el lado oscuro. Verse en todo aquello que rechazamos de nosotros mismos. Practicar con eso y amigarse con el ser espantoso que uno es. Poder decir “yo también soy así”, “yo también tengo esto”. Y estar bien con eso.

Si la práctica no te lleva a este punto, es que todavía estás en comenzando. Estás haciendo una práctica que solo te sirve para regodearte sobre lo lindo y cómodo que es todo. Solo vives media vida: la bonita.

Y si en este momento te surgen un montón de frases para debatir mi punto: es que tu no eres malo, es que no eres oscuro, no te enojas, no odias, no eres insoportable en ningún momento, no tienes nada guardado, nunca estás triste, etc., bueno ahí está, eso que no crees que eres pero que te molestaría ser, es tu sombra! El lado oscuro que no quieres ver.


Les recomiendo, por último, este artículo: “Los riesgos de by-pass espiritual.”