16.9.14

Intención, atención y 4 momentos del proceso de cambio



Todo proceso de cambio que surge intencionalmente en una persona, como ser cambiar un hábito, un impulso emocional, una muletilla al hablar, una rutina cotidiana, etc., se realiza en 4 momentos que requieren mucha atención de parte de uno.

Pero antes es necesario que surja una intención de cambio, sin esa intención inicial que genera el movimiento, nada puede suceder y es el motivo por el cual muchos cambios no se concretan o no duran. Si uno realmente-profundamente no lo desea, no cambia.

Por eso no cambiamos cuando nos lo piden (la pareja, la familia…). Cambiamos cuando queremos y también cuando podemos, porque no es fácil y requiere entrenamiento.

El puntapié inicial: la intención de cambio
Nos damos cuenta que algo no está del todo bien. Salimos del estado de no-consciencia y surge una necesidad de algo diferente. Reconocemos a través  del cuerpo y el pensamiento que podríamos estar mejor de lo que estamos o que eso que hacemos quisiéramos no hacerlo más.

Una vez reconocido el objeto de estudio (eso que queremos cambiar) y tomando atención sobre ello, avanzamos en 4 momentos:

Momento 1: consciencia tardía
Seguimos haciendo eso que queremos cambiar y nos damos cuenta una vez acontecido el hecho. Es el primer paso hacia el cambio, darse cuenta de lo que uno ha hecho en tiempo pasado. (Antes ni siquiera nos dábamos cuenta!).

Momento 2: consciencia en tiempo real pero inevitabilidad
Nos damos cuenta en el momento mismo que seguimos haciendo eso que queremos cambiar y aun con la atención puesta en el hecho, no podemos evitar seguir con el mismo patrón de siempre. Es normal, crear un nuevo patrón de acción lleva tiempo y esfuerzo.

Momento 3: consciencia en tiempo real y cambio forzado
Esto sucede cuando de manera consciente y consistente llevamos a cambo una acción distinta, incluso auto-forzándonos para no hacer lo mismo de siempre (que es lo que surge aun naturalmente). Este es un momento clave porque podemos elegir hacernos los tontos y quedarnos en “es lo que me sale” sin hacer un real esfuerzo por accionar diferente.

Momento 4: consciencia de cambio
Es cuando nos damos cuenta que naturalmente hemos actuado diferente, sin esfuerzo. Es un momento maravilloso en el que sentimos que hemos logrado el objetivo. Ahora, ojo! la mente retrocede muy fácilmente si no mantenemos la atención presente.


Para esto, está bueno tener herramientas que ayuden a entrenar la atención y a cambiar patrones de conductas. No hace falta decir que la meditación es una de las herramientas que mas ayudan en el cambio.


3.9.14

La importancia de la soledad y el aire libre

Picasso en Malaga (estatua).
Terminando en invierno por este lado del mundo me doy cuenta lo importante que es para una persona tener un rato de soledad en algún momento del día y, a la vez, poder estar al aire libre. Durante el invierno estas dos cosas se van complicando: hace frio, estamos todos adentro, juntos y da pereza salir a caminar…

En la cotidianeidad, las relaciones, las actividades, vamos intercambiando energía con las personas y los lugares por donde andamos. Nuestro campo energético se va cargando. No importa que se cargue de lo bueno o de lo malo, lo que importa es se carga de cosas que no son propias.

El campo energético de cada persona es único, depende de sus emociones, pensamientos, órganos, postura, muchas variables. Se “contamina” con cualidades de las otras personas y de la energía que va quedando adherida en los ambientes y que tomamos al estar en o con.

La soledad es importante en el sentido de que nos permite: 1) metabolizar lo que hemos incorporado, eso significa que el sistema energético haga circular lo nuevo y lo incluya como propio; y 2) eliminar lo ajeno, lo que no hace falta, lo viejo para que entre lo nuevo, soltar lo que hemos tomado sin querer para quedar alivianado.

Si no lo hacemos a diario, el cuerpo energético se sobrecarga y termina afectando al cuerpo físico. Lo que sucede al estar en soledad es que el campo energético deja de interactuar con lo externo y puede ocuparse de sí mismo. Si siempre está intercambiando, no queda espacio para armonizar y re-equilibrar.

Para el proceso de soltar, limpiar y eliminar lo ajeno y lo viejo es sumamente importante entrar en contacto con la naturaleza. Por lo menos unos 20 minutos al día en el que estemos al aire libre dejando que la energía de la Tierra y el Cielo nos reciclen. La Tierra recibirá aquello que deseamos soltar y el Cielo nos nutrirá con nueva energía depurada y revitalizante.

En plena ciudad, en días de trabajo ajetreado podemos ir a una plaza cercana y sentarnos en un banco. No hace falta irse al medio del campo o a la montaña todos los días, sino encontrar un pequeño y simple espacio que nos permita la conexión con la naturaleza. Puede ser el balcón, el patio, la plaza, una caminata por la peatonal, sentarnos al lado de una fuente, etc. Allí donde allá un poco de verde, tierra o agua…

Si no tenemos contacto periódico con la naturaleza se nos va complicando el auto-reciclado. El cuerpo también se va sobrecargando porque no posee el contacto a tierra necesario para soltar esa sobrecarga.

La próxima vez que te sientas agotado y saturado, ya sabes: un rato solo al aire libre es la solución.